SECUESTRO DEL NOTARIO APOSTÓLICO D. MARTÍN DEL CAÑAVATE EN LA VILLA DE POZOSECO - 1683


El día 9 de Enero de 1683 se encarga desde el obispado, al licenciado Juan de Cañas (presbítero) junto al notario José Saiz, se desplacen a la villa de Pozoseco para que averigüen la verdad de los hechos que acontecieron entre el 21 y 22 de diciembre en 1682 que fueron denunciados por D. Martín del Cañavate, notario apostólico con autorización apostólica y ordinaria, de 74 años de edad y natural de Villanueva de la Jara. Juan de Cañas partió desde Cuenca a las 9 de la mañana del día 10 de enero llegando a Pozo Seco al día siguiente a las 4 de la tarde. Al día siguiente, el presbítero empezó con el interrogatorio de diferentes testigos para establecer la veracidad de hechos denunciados.
Parque en Pozo seco que ocupa el antiguo solar de la cas del cura de la villa

De esa manera, y al oír a numerosos testigos, además de los acusados y el acusador, el investigador estableció el siguiente relato: "Era un 21 de diciembre, muy frío, cuando sobre las 7 de la tarde llegó Martín del Cañavate acompañado por Andrés García Clemente desde Villanueva de la Jara a la villa de Pozoseco. Lo primero que hizo Martín fue pasar por casa del párroco que se llamaba Diego de Cavallón. Ya en su casa, el notario eclesiástico le comunicó que había venido al pueblo a entregar el concordato mandado por el Provisor General en el pleito matrimonial entre Ana Martínez (nacida el 14/10/1652) y Francisco Nohales Toledo (nacido el 18/12/1651). Tras una breve charla con el sacerdote, Martín se acercó junto con el cura Cavallón a casa de Juan López Pérez, el padre de Ana. En aquella casa el ambiente se caldeó rápidamente, acusándolo aquella familia de los Escribano de estar de parte de los Nohales. La charla se tornó en gritos, y el padre con un rotundo y airado ¡Vaya usted con Dios! terminó la conversación e indicó la puerta a Martín. Éste, consternado, se marchó a casa de Juan de Nohales Toledo, el padre de Francisco, donde tenía el hospedaje y manutención para aquella noche. Tras la cena, se marcharon Martín y Juan Nohales a casa de Lorencio Gómez. Allí sobre las 9 de la noche, y mientras estaban al amor de la lumbre, se escuchó como llamaban con fuerza a la puerta. Lorencio fue a abrir, y allí estaba Benito García Cabañero de 40 años, yerno de Juan López y alcalde ordinario de la villa, Sebastián Escribano, de 50 años alguacil mayor, García Escribano, cuñado de Juan López, y Melchor García (se demostraría más tarde, que la presencia de este último personaje en los hechos fue un intento de involucrarlo por parte del alcalde). Esta Comisión requirió, por voz del alcalde, que saliera Martín, y allí en la calle fue hecho preso colocándole García dos grillos, que cerraría el alguacil Sebastián. Este grupo de hombres, al amparo de la noche, se llevaron al cautivo a una casa-bodega que se encontraba deshabitada y era propiedad de García, situada junto a la iglesia parroquial casi contigua a la de Juan López Pérez, en vez de llevarlo a la cárcel pública de la que disponía el villorrio. Allí encerrado en la cocina dejaron a Martín a oscuras.

Un hora más tarde, Juan Nohales Toledo, medio llorando, se acercó a buscar al cura Cavallón a su casa, y al no encontrarlo contó la escena vivida a Andrés Clemente. Ambos hombres marcharon a buscar a Cavallón, que estaba siendo avisado por un vecino llamado Andrés Bravo mientras pasaba la velada en casa de Sebastián Saiz de Heras. Aquel testigo también le dijo que el cura Alejo Nohales le estaba esperando. De esta manera, aquellos dos sacerdotes se acercaron a casa de Juan García pensando que el preso estaba allí pero este les dijo que allí no estaba, y que no sabía dónde se encontraba. Como no cabía otra, tal vez informados por un testigo oculto, ambos curas marcharon a la casa-bodega de García, y allí junto a la puerta encontraron a éste y a Sebastián Escribano montando guardia. Según se acercaban los Escribano, escondidos entre las sombras, gritaron ¡Quien va!, y Alejo dijo en voz alta ¡Gente de bien!. Los párrocos hábilmente interrogaron a estos hombres, que les dijeron que Martín estaba preso por orden del alcalde Benito García Escribano, y que su culpa era por venir a alborotar el pueblo. Alejo y Diego les dijeron que por caridad cristiana, y como hacía mucho frío esa noche y  la mucha edad de Martín. les dejaran traerle mantas, leña y algo de comer. Los Escribano les dijeron que volvieran a las 12 de la noche cuando ellos hablaran con el Alcalde. No fue hasta pasada la media noche, que Sebastián le entregó un lechón a Martín. Aquella noche Martín la pasó en la cocina, hasta que de madrugada una moza de la casa de Juan Nogales le llevó algo de comer. En todo ese proceso estuvo presente García, que era quien abría y cerraba las puertas y el que llamó al herrero Antonio García Palacios para que echara una herradura en la puerta de la cocina. Durante todo el día 22, Martín estuvo sólo en aquella habitación, excepto el breve momento en que pudo hablar con Andrés García Clemente (debido a la gran instancia de éste en verlo) en el que le encargó que avisara al Licenciado Bartolomé García. El notario estuvo sin manutención ni lumbre, hasta las horas de los Ave Marías en las que llegó el alcalde, acompañado del alguacil y otras personas que no conocía y del licenciado Bartolomé García Valero, presbítero de Villanueva de la Jara, que consiguió que lo sacaran de su encierro, le quitasen los grillos y fuera llevado a casa de Juan Nohales.

El día 15 de enero, el Licenciado Juan de Cañas, juez de la Comisión, dictó la comparecencia en 6 días de Benito García y García Escribano ante el tribunal eclesiástico de Cuenca, con pena de excomunión y multa de 50.000 maravedís por la no comparecencia. Además, declara el embargo de los bienes de Benito -su casa de morada, un par de pollinos de 5 años, dos arcas de pino y una tinaja llena de vino-. Por otro lado, declara embargadas a García un par de mulas de labor, una parda y otra cerrada, una pollina, dos tinajas de vino y varios muebles de pino que quedaron en manos del párroco Cavallón.
Partidas de Bautismo de Ana Martínezy Francisco Nohales

Los acusados intentaron llevar el caso a la Justicia Real en la Chancillería de Granada, aludiendo a la condición de alcalde de Benito, pero el caso recaló definitivamente en la Justicia Eclesiástica. Los reos fueron encarcelados ese año hasta que el tribunal eclesiástico de Cuenca dictó sentencia definitiva, en la que condenaba a pagar a Benito 4.000 maravedís, de los que 3.000 servirían para pagar los gastos de la Cámara y 1.000 irían a obras pías de San Pedro. Por otro lado, los Escribano fueron condenados a 3.000 cada uno, que irían la mitad a obras pías del convento de los descalzos y la otra mitad a la Cámara.

Testigos
Lorencio Gómez
Juan Nohales Toledo
Juan de Tébar Aroca
Andrés Garcia Clemente
Sebastián Saiz de la Heras
Antonio García Palacios



Autores
Jualiana Toledo Algarra
Sebastián Hernández de Luján


Bibliografía:

Fiscal General contra Juan López Pérez, García Escribano y consortes vecinos de la villa de Pozo seco sobre malos tratos a D. Martín del Cañavate. 1683. Legajo 1058/12. Curia Episcopal. Archivo Dicesano de Cuenca.
Libro de bautismo de la Parroquia de pozo seco 1638-1731. Archivo Diocesano de Cuenca


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